PEEPING TOM
por admin en Nov.04, 2009, categorías ARTÍCULOS, GENERAL
-Peeping Tom no es una película sobre un asesino sádico. Es una película sobre un cameraman…
Michael Powell
En muy contadas ocasiones la crítica dejó fuera de combate a un director genial. Uno de estos casos lamentables es el de Michael Powell y Peeping Tom. Con más que una pizca de flema típicamente británica, Powell esbozó declaraciones como la que se cita más arriba, más una larga serie de variaciones acerca de que esta era su obra más sensible, tierna y romántica.
En 1958 Clouzot logró un terrible éxito comercial con Las Diabólicas, dándole una nueva dimensión moderna al cine de suspenso. Hitchcock profundizó el tono con Psicosis, multiplicando el éxito de taquilla a pesar de las críticas negativas que lo perseguían desde tiempo atrás (logrando que hasta Vértigo sea mal recibida). Sin el toque francés de Las Diabolicas ni el nombre ni la maquinaria publicitaria de Hitchcock, Powell prácticamente hizo lo mismo que el protagonista de su maravilloso y maldito psychothriller. Peeping Tom escandalizó a los críticos ingleses de su tiempo, castigándolo tanto en todos los medios británicos que no solo consiguieron anular casi totalmente las posibilidades comerciales del film, sino que también convirtieron a Powell (el mismísimo realizador de Las zapatillas Rojas, Narciso Negro y El ladrón de Bagdad) en un cineasta acabado, que apenas logró filmar un par de títulos más antes de retirarse para siempre, a pesar de que podría haber realizado muchos más films en los últimos años de su vida.
Para intentar salvar la inversión, la película se estrenó en los Estados Unidos sólo dos años más tarde, con severos cortes de casi 20 minutos en versiones con títulos alternativos como Face of Fear y Photographer of Panic . Estos dos títulos, y no el original, parecen ser los que influyeron los dos nombres conocidos en español, Tres Rostros para el Miedo y El Fotógrafo del Pánico.
Una buena muestra de los distintos tonos intentados por cada nuevo lanzamiento con otro título es la evolución de las frases publicitarias impresas en cada afiche sucesivo:
-El terror se mezcla con el arte en un juego mortal del gato y el ratón
-¡Más horrible que el horror! ¡Más terrible que el terror!
- ¡No se atreva a revelar el final, si no quiere que lo acusen de provocar pesadillas!
En realidad Powell debería haber sospechado que algo andaba mal cuando Dirk Bogarde (la primera elección para el rol estelar) salió corriendo luego de echarle una ojeada al guión (Laurence Harvey no estaba disponible, lo que Powell consideró una lástima, ya que “era el perfecto hombre con aspecto de foquista”).
Sin embargo nadie puede estar preparado para que, luego de hacer una película formidable como esta, aparezca la crítica diciendo cosas como “lo único que se podría hacer con este producto es buscar la alcantarilla más próxima y arrojarlo para que desaparezca para siempre” (Derek Hill en el Tribune). Dos décadas más tarde, Powell explicó a Films and Filming que lo que más lo sorprendió y mortificó fue el hecho de que no eran reseñas que se limitaran a hablar mal de la película, sino que en general sostenían que él era una persona mórbida, enferma de la cabeza que intentaba pudrirle el cerebro a otra gente utilizando el cine como vehículo para sus perversiones aberrantes.
Pero el paso del tiempo hizo justicia, y con los años este implacable film de suspenso, pasiones deformes y voyeurismo terminal empezó a ser considerado una obra maestra totalmente avant garde. La historia de un cineasta depravado y obsesivo que filma a sus víctimas antes de matarla sigue siendo tan actual como hace 40 años. Incluso los traumas infantiles culpables de las andanzas del cameraman son más convincentes y mejor elaboradas que la de varios psychothrillers recientes. La espeluznante actuación de Carl Boehn, con sus estremecedores primeros planos en momentos clave, provoca más terror que cualquier efecto especial del cine moderno.
Vaya uno a saber desde hace cuando no se puede ver Peeping Tom en pantalla grande. De hecho, los fans del film la conocieron básicamente en las copias cortadas, dobladas al castellano y en la obvia versión blanco y negro que por más impactante que pudiera resultar desde el contexto de algún ciclo televisivo, no es exactamente lo mismo que verla entera, en colores y en una sala de cine. Como un milagro de Halloween, ahora esto es posible, y perdérselo sería un crimen parecido al perpetrado por aquellos olvidados críticos ingleses.
Diego Curubeto
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